Viajeros

12/29/2015

Hasta la aparición de la aviación comercial, el estrecho canal de acceso a la bahía fue la puerta de entrada a La Habana. Imaginamos a tantos viajeros, ilustres o anónimos, contemplando desde la borda de sus barcos, con expectación, la silueta, el perfil de una ciudad que por tanto tiempo fue paso obligado entre el viejo y el nuevo mundo, entre el norte y el sur del propio continente.

 

En sus casi cinco siglos de historia, muy diversos personajes viajaron a La Habana. Sus estancias de horas, días o meses, dejaron huellas que hoy tratamos de rastrear.

 

 

¿Un samurái en La Habana?

 

El año de 1614 fue el de esta singular visita.

 

Hasekura Tsunenaga, era enviado del fundador y señor de la ciudad japonesa de Sendai, Date Masamune, para cumplir una misión diplomática ante la Santa Sede y las cortes españolas. Masamune, había sido persuadido de la conveniencia del contacto con Europa por Fray Luis de Sotelo, sevillano que arribó a sus dominios en 1606.

 

En un galeón, la comitiva zarpó el 28 de octubre de 1613. Atravesó el océano Pacífico con destino a Acapulco, a donde arribó el 25 de enero de 1614. Después de cruzar la Sierra Madre, permanecieron por un tiempo en la ciudad de México.

 

La siguiente escala en su recorrido sería La Habana, donde debía abordar en un buque de la Flota de Indias. Según se conoce, el 23 de julio de 1614 Hasekura hizo su entrada a nuestra ciudad, abandonándola en el mes de agosto con destino a San Lúcar de Barrameda, España.

 

Aunque en diversos archivos de Europa y Japón se conservan documentos que permiten trazar la ruta seguida por el samurái y relatar los propósitos y resultados de su misión, nada ha quedado o ha sido descubierto sobre las pocas semanas de su estancia en La Habana.

 

No obstante, si caminamos por la Avenida del Puerto, a la altura del Parque de la Maestranza, en La Habana Vieja, hallaremos a Hasekura Tsunenaga, con su brazo extendido y un abanico en la mano que señala la ruta hacia Sendai.

 

La estatua de bronce que recuerda tan especial acontecimiento para la villa, fue donada por la Escuela Sendai Ikue Gukuen e inaugurada el 26 de abril del año 2001.

 

 

 

 

 

La obra del reconocido escultor Mizuko Tsuchiya hace parte de un pequeño parque, en cuyos jardines se esparcen bloques de piedra procedentes de las murallas del castillo de Sendai.

 

 

 

 

 

 

 

Garibaldi, clandestino en La Habana

 

Durante años no se contó con una “última palabra” sobre la posible estancia secreta de Giuseppe Garibaldi en La Habana. Buscado por las autoridades coloniales, sus movimientos por tierras bajo dominio español debieron ser discretos. La fecha de la supuesta visita se situaba indistintamente en 1850 o 1851.

 

En Nueva York, el prócer de la independencia y unidad de Italia tuvo contactos con  la Junta Cubana del anexionista Narciso López. Más tarde, en repetidas oportunidades expresó su simpatía por los proyectos libertarios de Cuba. Precisamente desde esa ciudad se estimó que había viajado hacia Cuba a bordo del vapor Georgia.

 

Finalmente, en 2008 la prensa cubana dio cuenta del gran hallazgo de la investigadora italiana Anna Tola: el diario de a bordo del Georgia, escrito por el propio Garibaldi.

 

El valioso documento, depositado en el Museo Estatal de Palermo, permitió conocer que Garibaldi partió de Nueva York con destino al istmo de Panamá y retornó a la misma ciudad, apareciendo en el listado de pasajeros del barco con el nombre de Joseph Paine.

 

El Georgia y su ilustre pasajero permanecieron en La Habana entre el sábado 16 y el martes 19 de noviembre de 1850. En el diario escribió: “Domingo 17 y lunes 18 de noviembre: Nos mantuvimos en La Habana, intentamos cargar carbón y cambiar pasajeros. La costa de La Habana es alta y regular, con colinas al interior. El Morro, situado sobre el lado Este de la bahía, es alto al interior, un faro. Un canal navegable en el medio....”

 

En el regreso volvieron a detenerse en La Habana los días 1ro y 2 de diciembre.

 

Sin embargo, nada se dice sobre sus actividades en la ciudad, quedando en el ámbito de la especulación el presunto propósito de observar la situación política de la isla o el haber sostenido un encuentro con conspiradores locales en una botica de la esquina de las calles San Ignacio y Obrapía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La esquina de San Ignacio y Obrapía, en nuestros días

 

 

Anticipando la certeza que hoy tenemos, el 2 de junio de 1982 fue develada una tarja de mármol blanco en el Palacio de los Capitanes Generales, hacia la calle Obispo:

 

 

Gabriela Mistral, “la novia espiritual de José Martí

 

Más de una vez estuvo entre nosotros la poetisa chilena, antes y después de ser reconocida con el Premio Nobel de Literatura.

 

La primera fue una breve estancia en tránsito hacia México. En 1922, un 12 de julio, arribó en el vapor Orcoma. La intelectualidad del país recibió con entusiasmo a la ya muy conocida escritora, entonces con 33 años.

 

Con la lectura de algunos de sus poemas y efusivos discursos, fue homenajeada en el Hotel Inglaterra. Una foto que se muestra en la hoy sala de navegación por internet del hotel, nos lleva a ese memorable 15 de julio.

 

 

 

 

 

 

 

De nuevo en La Habana en junio de 1931 y en octubre de 1938, ofreció conferencias sobre la obra literaria de José Martí. En el 38, teniendo como escenario al Teatro Campoamor, disertó sobre los Versos Sencillos del prócer cubano.

 

Una intensa estancia tuvo en Cuba en 1953. Arribó el 23 de enero, procedente de Italia, donde ejercía como Cónsul chilena. Había sido invitada a las conmemoraciones por el centenario del nacimiento de Martí. El 28 de enero, la Mistral y el sabio cubano Don Fernando Ortiz tuvieron a su cargo los discursos centrales del solemne acto celebrado en el Capitolio Nacional.

 

 

En 1953 Gabriela Mistral se alojó por unos días en la residencia de Dulce María Loynaz, quien recibiría muchos años después, en 1992, el Premio Cervantes. La casa que acogió a la poetisa chilena puede ser visitada: está ubicada en la calle E esquina a 19, en el Vedado. Allí tiene su sede el Centro Cultural Dulce María Loynaz. En el patio perdura la fuente en la que ambas posaron para una conocida foto.

 

Era tal la devoción de Gabriela Mistral por la personalidad y la obra humana y literaria del organizador de la última guerra de independencia de Cuba, que la anfitriona dijo a su huésped: “Los cubanos acabarán por llamarte la novia espiritual de Martí”.

 

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